Dureza del aire (tanka)
en mi caricia cálida, arrullo me envuelve cada vez que regresa.
Promesa y espera de la primavera (otoño-invierno) El cielo se rompe, no hay excusas. Cae el sol más temprano; el rocío enfría la piel y la tierra. Cubierta de colchas de hojas, la tierra se esconde para que nadie vea que duerme el sueño divino, mientras comienzan los cantos de cuna. Todos deben levantarse temprano:
Tú eres eso que todos anhelamos, aunque no sepamos. Háblame o grita fuerte, así no te pierdo más, porque eres recuerdo, sin momentos ni edad. Llegas como obra de teatro que se va en el otoño, con hojas tristes y rugosas, cual brisa lejana que me susurra: que, si no te aferro ya, te pierdo,
Brotes del cielo, ramas blancas de agua, nubes celestes que vibran, cantan y narran atardeceres, amores eternos, llantos en lluvias torrenciales, huracanes intensos que se disipan con gritos de dolor. Angustias que murmuran: “nada aparece, solo gotas saladas”. Mares oscuros se levantan, grandes pérdidas en soledades. Y yo sueño con vapores, y tú no apareces.
Apagada la luz, y te sorprende su adiós. Fue el sol que se fue, bajó al ocaso y cayó en sus propios silencios. Sabes que no se detiene: es su ritmo… se va. Mañana volverá en el crepúsculo de amor. Pero ya nada te enamora. Cuando vuelva, y con él la luz, quizá —o tal
Pasillos con dichos, palabras que corren, otras rebotan cual ecos, escapan por ventanas abiertas, ruedan por escaleras; las que pueden, ascienden, y algunas se lanzan desde la terraza. Muchas se han perdido, demasiadas se han arrojado al vacío. Nadie las quiere ni las usa, y si lo hacen, las desgastan mal. Diccionarios murmuran en rincones;
Llegarás con los vientos, suaves y tibios de otoño. El universo, impávido, te observa cruzar los espacios. Pasas mundos distantes, todos los silencios presentes. Solo tú sabes de ti, de la proeza prometida, del juramento que debes cumplir. Como un secreto mudo, el mundo te espera alerta. Los pájaros anuncian tu paso, huracanes rugen, volcanes
Rústica piedra, rueda cuesta abajo, corre entre verdes y amarillos. El polvo del suelo anuncia su paso. Nunca la viste venir; caes sin decir nada. Olvidado de todo, vuelas en caída libre, sueñas con pájaros, disfrutas del viento. Tu rostro aplaude. Silencio absoluto. Marcos-11 (haiku) El viento dulce con suavidad toca el frío azul. Marcos-12
Sopla el viento helado, gotas de agua gélida, copos de nieve sucia. El suelo, espejo del cielo, refleja tonos apagados, vestigios de la desidia y del invierno olvidado. La nieve, manchada y gris. El agua, un reflejo turbio, un farol titilante, un paisaje de sombras congeladas.