El ocaso de la luz

Apagada la luz,

y te sorprende su adiós.

Fue el sol que se fue,

bajó al ocaso y cayó

en sus propios silencios.

Sabes que no se detiene:

es su ritmo… se va.

Mañana volverá

en el crepúsculo de amor.

Pero ya nada te enamora.

Cuando vuelva,

y con él la luz,

quizá —o tal vez, ¿quién lo sabrá? —

con su calor y claridad,

regreses…

ausente de mí,

vacía de esperanza.

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