Líneas de mi vida
Ojalá hubieras dicho, te hubieses animado a confesar que fui yo quien te susurró que te amaba. Que esas manchas negras de tinta, con formas de garabatos, eran las letras de mi corazón, las líneas de mi vida compartidas contigo.
Ojalá hubieras dicho, te hubieses animado a confesar que fui yo quien te susurró que te amaba. Que esas manchas negras de tinta, con formas de garabatos, eran las letras de mi corazón, las líneas de mi vida compartidas contigo.
Cuando cae la luz y el sol se acuesta, zumbidos rozan tu piel como el rocío al prado. Mi corazón late con el universo, retumba en golpes desordenados en tu búsqueda. Rayos de plata abren el cielo oscuro, ella sale en auxilio. La noche llora tu ausencia; lejos, eres tú. Tu cabello se confunde con
El universo, lleno de sonidos, susurra solo tu nombre, ese tan único, el de mi amor. Resuena en cada planeta, con ecos inmensos que llegan como olas, tsunamis, vientos desbordados de ternura. Fantasmas errantes recorren el espacio buscándote en su desconcierto. Truenan silencios imposibles, y el sol, celoso de ti, te esconde entre sombras calladas.
Estrella fugaz, verte rondar, luces en el cielo con tu piel de azucena y miel carmín. “Bebe”, te decían, apenas andabas, bonita de ojos tristes, pero encandilas el camino. Todos hablan, nadie ve: nada en ti es igual, ni se encuentra. Estrella fugaz que orbitas el mundo, pinta otro paisaje antes de salir a bailar
La lluvia fluye entre el aire, los sonidos golpean como ecos. La tierra huele a desayuno, a viejos tiempos, recuerdos paternos. Chilla la tabla del piso, el clavo suelto, el rompemedias, sigue igual de díscolo. Nada cambia: la ventana, las habitaciones siguen como mi recuerdo, mi memoria. Cruzo el desván ilusionado, como todas las mañanas.
Acorralado en los confines del tiempo, donde las brisas no hallan su camino, y en la tierra húmeda yace la esperanza, marchita por amores que se han ido. Perdido estoy en los bordes del instante, donde el viento calla y no hay abrigo, y florece la sombra de la desesperanza sobre los restos de un
Como retoques de arte, las montañas se pintan, lanzan colores de audacia, miran aquí y allá. Se cubren todas de ternura, unas en tonos pastel, otras, brillantes y vivas: azules celestes, bravos saltos de agua. Árboles golpean el aire y la tierra, piedras pequeñas, grandes, multicolores, con chispas de oro escondidas, cielos de sol y
Tantas ausencias, silencios, todos creados por ti. Inútil hablar o pedir: nada sucede. El silencio cruje por pasos falsos. Los días son largos, sin nombres llaman y sin nombres responden. Puertas cerradas, ventanas también. Solo medias voces, llenas de sordos días. Nada sucede. Solo estás tú, llana y sola, sin saber que eres tú la
Tantas ausencias, silencios, todos creados por ti. Inútil hablar o pedir: nada sucede. Por pasos falsos el silencio cruje. Los días son largos, sin nombres llaman y sin nombres responden. Puertas cerradas, ventanas también. Solo medias voces, llenan de sordos días. Nada sucede. Solo estás tú, llana y sola, sin saber que eres tú la
Fuerte es el tiempo, como fuerte es la ausencia. Cuando miras y nada ves, todo pasa lento con esa pequeña aguja: el segundero. Llega el frío, todo se vuelve igual, se desvanece. Solo tonos blancos, pocos verdes, algunos marrones. Rojo… olvídalo: ninguno. Y ese punto que se mueve y va creciendo, eres tú, caminando. Eres