Dragones y más dragones,
como ensoñado,
matriz de algunos volcanes,
adolorido, quemado.
Solo te pienso y vuelo
en tu búsqueda,
calmando mi recelo,
buscando la hilada
de tu efluvio,
sorprendente
que se desprendió
de tu armonía,
de tu continente.
La vida que emanas,
calor del rescoldo,
suave beso que sana,
tu cuerpo sirve de toldo.
Jugaremos a correr, a encontrar
nuestras manos, cuerpos
heridas por curar.
Sigo tus huellas en la arena, que la brisa trata de borrar,
cangrejos y caracolas señalan tu rastro.
Sobre los cálidos aires vuelan y ondulan
cormoranes, gaviotas y albatros.
El destello de tus rizos te descubre,
el hilo del horizonte inescrupuloso,
gira sobre ti y se abre el mundo.
Flotas y vuelas junto a las aves,
cerca de mí.
Sonríes, cambias los colores,
integras otra dimensión,
tan distinta,
grande, pequeña.
Te estiras y como vienes, me llevas
lejos de todo,
a la cima del cielo,
en el último pico,
cerca del fuego que amas.
