Corazón amarillo,
te confundes con el amanecer,
duro como la bigornia
que golpea el martillo,
pero eres blando, tierno
como el atardecer.
Te encuentras adormecido,
te fugas como huyen las luces
al anochecer.
Bella mía, deja que te pinte
para seguirte en tus sueños nocturnos,
que te velas con las estrellas fugaces.
Impávida quedas.
Deja que te pinte
cualquier color, en los sueños vale.
Deja que termine.
