XI

Corazón amarillo,

te confundes con el amanecer,

duro como la bigornia

que golpea el martillo,

pero eres blando, tierno

como el atardecer.

Te encuentras adormecido,

te fugas como huyen las luces

al anochecer.

Bella mía, deja que te pinte

para seguirte en tus sueños nocturnos,

que te velas con las estrellas fugaces.

Impávida quedas.

Deja que te pinte

cualquier color, en los sueños vale.

Deja que termine.

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