Estoy acorralado
en los extremos del tiempo,
donde las brisas no llegan,
y en su tierra húmeda
florece la desesperanza
de los amores perdidos.
Quizás sea una respuesta,
¿será?
Me tomo el silencio
para no negar o afirmar
lo que desconozco.
¿A dónde será?
Al vacío de la nada,
flotaré incansable
hasta que tiempo
y eterno
vengan por mí.
Mientras calma
y paciencia
desandan los caminos,
enderezan las olas,
siembran flores,
y quizás entonces
vuelva a enamorarme.
Y así, el amor perdido
encontrará su camino.
