Recorro los horizontes,
buscando tu figura,
esa que una mañana de marzo
dejaste en mi ventana,
junto al mar.
Días de caminatas eternas,
con el sol enfrentando a la luna,
y no apareces,
solo en resplandores,
o brillos que se asemejan a tus ojos.
La arena se amontona en los bordes,
y el mar la dibuja,
como un retrato de ti.
Audaz, el viento la sostiene,
pero las olas te arrastran de nuevo,
a las profundidades,
para que no te encuentre.
Le he pedido a la noche
que te cante mi canción,
para que sepas que te espero.
Pero tengo miedo
que te duermas en sus susurros,
y no despiertes.
