Hijo, tú eres mi Rubicón,
que con paciencia espero,
y tras los muros de latón,
sufro de dolor austero.
Decisión difícil,
en medio del camino,
o muy sutil,
aceptación de lo divino.
No dudo de tus madres,
temo por mi ausencia,
y lloraré a mares
por tal deficiencia.
No llevo aflicción,
sólo tristeza, pero,
veré con decisión,
las primaveras no vistas.
Recuerda lo decidido:
fui con amor,
a un duelo perdido,
con razón y sin dolor.
Hijo, eres mi Rubicón
