Déjame verte
Déjame verte austera,
con tu rostro de piedra,
con tus ojos de fuego,
con tu mirada de hierro.
Déjame verte venir,
con tu paso de reina,
con tu porte de diosa,
con tu aura de misterio.
Déjame verte aventurera,
con tu espíritu libre,
con tu corazón valiente,
con tu alma indomable.
Déjame verte ir,
con tu gracia de cisne,
con tu elegancia de esfinge,
con tu belleza de sueño.
Ausencia plagada de rumores,
de miradas furtivas,
de susurros cómplices,
de envidias desatadas.
Ausencia que duele,
que escuece,
que quema,
que desgarra.
Ausencia que llena el vacío,
con la esperanza de volver a verte.
Podría ser más estricto conmigo,
pero no contigo.
Tú eres mi amor,
mi vida,
mi todo.
Eres el sol que ilumina mi día,
la luna que me guía en la noche,
la estrella que guía mi camino.
Amor dulce néctar de la madrugada,
que me embriaga de placer.
Amor que me llena de vida,
de esperanza,
de alegría.
Amor que me hace sentir completo,
como si nada más en el mundo importase.
Qué vehemente hada,
participó en tu nacimiento.
¿Fue acaso Afrodita,
la diosa del amor?
¿O quizás Eros,
el dios de la pasión?
El cielo tronó,
encendieron caminos y flores,
cuando llegaste a mi vida.
Pasados arteros, audaces,
protegidos en el postigo,
no sólo de amores.
Echa con encono a todo mal.
Sube, sube mi vida,
elévate por, sobre todo.
Sube, sube cálida,
llevas sólo mi apodo.
Amor mío,
¿dónde estás?
Amor mío,
¿cuándo vienes?
Amor mío,
dame respuesta.
Amor mío.
