Telégrafos en el viento

Me puse a aplaudir.

El viento se llevó esas palabras

que yo decía con las manos,

recorriendo lugares no conocidos.

Llevo ausencias,

palabras no dichas.

No es que me sobren,

es que me faltó decirte.

En ese tiempo muerto,

como un saco viejo en el ropero,

se me quedó el aliento,

el pulso detenido.

Tiempo que me faltó,

o que perdí

en esos lugares comunes

donde la dicha no dice,

calla,

y muere.

Sigo aplaudiendo,

tratando de que mis palabras te lleguen;

aunque lejanas,

tu alma las escuche.

Sepas

que esos golpes en el viento

son telégrafos de mí hacia ti,

sin sentido para el mundo,

pero con toda mi verdad.

Le digo al aire:

qué pena que el mundo se haya perdido,

y qué difícil será volver a verlo

presente,

tuyo y mío,

como los silencios abrazados

donde moría la noche

y la paz llegaba a la vida

con la delicadeza de la muerte.

Eso quería que supieras:

por eso aplaudo cuando hay viento,

porque te extraño,

te amo,

y no quiero que muera en mí eso

que fuimos.

Que el mundo sepa

que algo se perdió

y fue importante para mí.

Miro el cielo,

duermo tranquilo,

porque sé

que lo vemos —

y es el mismo.

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