Corazón bajo la tierra

Enterraremos el corazón

en lo más profundo de la tierra,

no por los animales

que habitan su sueño,

sino por nuestros enemigos,

para que nunca sepan

de qué somos capaces al amar,

ni lo que hacemos por el otro.

Que no conozcan nuestro mensaje,

que ignoren la raíz secreta

donde la ternura respira.

Solo que sepan —

si acaso escuchan el rumor de la lluvia—

que somos capaces de amar

hasta el infinito,

y llorar con el agua

por una flor,

una abeja,

un árbol,

un perro,

por un amigo.

Pero que también sepan

que somos madera de centinelas,

palos pretorianos,

mareas estoicas,

y que en el fondo de nuestra calma

arde un fuego sin nombre,

la última llama de la bondad humana.

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