Mis dolores,
ya exhaustos, fatigados,
de silencios inconclusos,
o tal vez de ruidos,
raros sonidos desconocidos,
nada mecánico, nada eléctrico,
o los excesos de los gritos del egoísta enfermo,
de soledades, todas propias, nada ajeno,
ni un amor, ni adioses, ni besos,
seco de abandonos, muerto de desamparo.
Eso pasa cuando no estás, y me pierdo en mi mundo,
ausente de mí, angustia de amaneceres solitarios,
solamente escucho mi respiración muda sin ti,
ciego del mundo, vacío de amor.
