Zona de lagos y montañas,
de vegetación abundante,
sin humo,
con apenas huellas de cemento.
Casas de madera que respiran silencio.
Los cielos se abren en azules profundos,
a veces celestes intensos,
como si el día eligiera su propia luz.
Las nubes dibujan cuadros en el aire,
maravillas en tránsito constante,
siempre en movimiento,
y cada jornada renace en otras formas.
Allí, la tierra guarda su pulso verde
como un corazón bajo la intemperie.
