En los crepúsculos de seda,
el jardín parece tejer sueños,
como si cambiara sus antiguos rosales
para que nadie pudiera reconocerlo al pasar.
No es la brisa subterránea de los pastos
ni el aliento secreto de las flores;
son los perfumes etéreos e invisibles,
volando sin ocultarse,
los que me conducen hacia ti
como hilos de un tejido de tiempos remotos.
Hermoso día de nubes tristes, multicolores:
quiero habitar un jardín enamorado,
un puerto de mar, silencioso y reverente,
que aguarda la llegada del viajero perdido.
Tu piel es suave como los pétalos del amanecer,
como la brisa marina que despierta la mañana;
la cubren las sales errantes del agua,
que vuelan como diminutos aguijones
y se adhieren a tu cuerpo sin herirte.
Solo se te ama imperfectamente,
porque ninguna medida basta para nombrarte.
Eres absoluta en tu ternura desnuda,
y no hablas, solo giras con la luz.
Cuando te acaricio con mi mano,
siento que tu piel se vuelve mi piel
y que tus espinas son pequeños brazos
que me rodean y me atan dulcemente.
Me recuesto sobre ti, te abrazo.
Nuestros corazones laten a la par.
Solo debo encontrar
el jardín preciso,
perdido en algún cuento.
Dado- 8
Almohadas y sábanas
Almohadas y sábanas
sobre un colchón de nubes,
mecidas por soplos breves,
mientras la música del universo te arrulla.
Te meces entre el ir y el venir,
como la luna sobre el mar.
Caminas y el mundo te saluda,
estrella del amanecer.
Entras, suave y lenta, por la ventana.
Acaricias, con la calma del sueño,
su cuerpo, como quien toca un cristal.
Se ruboriza bajo el frío.
Sin abrir los ojos, sabe que eres tú quien llega.
Gira y aguarda tu paso.
Cobijas la noche con almohadas y sábanas,
y el sueño continúa
hasta que estalle el día.
