La Nieve

La nieve y el viento hacían que el frío pareciera aún más intenso. Ella, cubierta apenas por su propio pelaje, caminaba perdida en medio de la blancura, sin rumbo ni orientación. Su deseo era encontrar un lugar donde pudiera protegerse de las inclemencias del invierno.

No tenía una dirección clara. A veces caminaba en círculos; otras veces en línea recta, hacia el sur, el norte, el este o el oeste. Soloía percibió el viento helado. Caía y resbalaba, sin saber dónde estaba. Ya había pasado mucho tiempo desde su última comida y su cuerpo se debilitaba.

Cuando sintió el sol en su rostro, el viento finalmente se detuvo. Estaba exhausta. Se tumbó en el suelo; su desesperación había alcanzado su punto máximo. La osa ciega moría en el mismo terruño que la había visto nacer.

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