Pasión,
con qué o con quién
debería compararte,
con los alisios que
están en movimiento constante,
precipitando la humedad a tu centro,
o los contralisios, que llevan los calores
a tus extremos, derritiéndolo
todo a su paso.
O pensar en tu conectividad,
a través de océanos, mares.
Tierras extrañas
que haces migrar a tu voluntad,
llevando tu fertilidad a todos,
libre albedrío, por actitud o aptitud.
Vida, por anhelo, cariño,
consentimiento o amor,
ganas, propósito o porque sí.
Ser libre de elegir,
de amarte, de que me ames.
Eso es lo que eres para mí,
la vitalidad que engendra
tu mirada al horizonte.
Bis
Pasión,
¿Con qué o con quién
debería compararte?
Con los alisios,
los vientos que siempre están en movimiento,
precipitando la humedad a tu centro.
O los contralisios,
que llevan los calores
a tus extremos,
derritiéndolo
todo a su paso.
O pensar en tu conectividad,
a través de océanos, mares,
tierras extrañas
que haces migrar a tu voluntad,
llevando tu fertilidad a todos,
libre albedrío, por actitud o aptitud.
Vida, por anhelo, cariño,
consentimiento o amor,
ganas, propósito o porque sí.
Ser libre de elegir,
de amarte, de que me ames.
Eso es lo que eres para mí,
la vitalidad que engendra
tu mirada al horizonte.
El Listón y el Clavo
En el dulce hangar, de aire áspero,
de vahos de aceite viejo, cereales ácidos,
con cacareos, ronquidos, gorjeos o arrullos,
tintineos de herramientas de tiempos pasados,
de herrumbres con olor a sudor.
Chilla y cruje a los cuatro vientos,
imperturbable, impasible, se mantiene en pie,
insensible a las inclemencias de las temporadas,
con frío, calor, seco o húmedo,
ahí está.
El tiempo me ha llegado, me da tristeza alejarme de ti,
te miro por el espejo retrovisor, pensando que vuelvo,
y no que me voy de ti.
¿Qué haré con mi memoria? Recorrerla y empezar…
A jugar contigo de nuevo, hasta ese día,
en que llegó el zorro, y asustada me viste,
te diste por visto por mí y me defendiste,
asustándolo tanto que no volvió jamás.
Pero, desde entonces, cuántas historias recorren tu interior
y el mío.
Dejé en tu puerta el listón de mi pelo que tanto te gustaba,
y yo me llevo tu pequeño clavo doblado y oxidado,
sí, ese, que rompió mi vestido verde, lo llevo colgado en mi pecho,
solo para saber que el amor existe y persiste al tiempo.
Ya empezando a bajar la colina, te pierdes en el cielo violeta,
dorado, azul profundo, que será lo que nos cobijará y nos dará
el mismo techo a pesar de las distancias.
Siempre te amaré.
