Rivalidad de amores
Como en un duelo,
se demarcan los territorios.
Quedan enfrentados,
amor contra amor.
Tan o más llenos de muerte,
suspiros, eventraciones,
inasibles como el aire, el agua.
Tan cubiertos de vida,
como fue antes de la muerte.
Porque nadie se ama en ella.
Solo en la vida.
Recuerdos fragmentados
Dulce rumor,
la pared esquiva los golpes.
La atraviesas,
entras al bosque petrificado.
Los animales inanimados
parecen sonreírte.
Subes por el río, escalones
de cristal, atravesados por la luna
y el sol.
Desde la cima, vientos recorren
las columnas de humo
que juegan con las nubes.
Quiebre, estallido, muerte,
muerte, quiebre, estallido,
estallido, muerte, quiebre.
Perfilan ventanas rasgadas,
soslayo tu cuerpo.
Redes con formas de brazos
se entrelazan, mirada tenue del albor,
y con los primeros rayos,
te reconozco plenamente.
Eras tú,
de quien me hablaba mi amor.
Castigo celestial
Muero de risa, de amor.
Muero feliz.
Hemos sido castigados,
gran anatema de la historia de la humanidad,
como si fueran la Santa Inquisición,
hemos sido excomulgados,
alejados de la comunidad,
del cielo, de la tierra seca,
del agua dulce de la lluvia,
de la fragancia de los azahares,
de los verdes prados con sus atardeceres,
de los mares con sus amaneceres,
de la siembra… de la siega fresca.
Nos han condenado al averno.
Tú y yo,
considerados culpables, juzgados y sentenciados.
Todo a causa del fruto de nuestro amor.
Ese vientre maduro que llevas contigo
y acaricias con tanta ternura.
Vereda maldita
Lores pecaminosos,
virtudes viciadas,
calles pestilentes,
dolores profundos,
cloacas calladas,
libertades muertas,
cambios profundos.
La muerte los mira
caer en los túneles
lodosos, que dan al averno.
Almas inmundas se queman,
entre gritos y crujidos.
En vano arrepentirse.
Qué surgirá de tanta
porqueriza, el ángel exterminador
disfruta la ignorancia previa.
Todo se repite y se repite,
hora tras hora, historia tras
historia, vidas tras vidas.
Ausencias, imprevisibilidad,
lujuria, perversión, maltrato,
abulia.
Todos culpan al ángel maldito,
y es la oscuridad y maldad del
hombre quien lo representa
y llama. Todos morirán, para
renacer y volver a probar.
Llevan siglos. ¿Cuánto más
pasará?
La mancha ya cubre casi
toda la ciudad, queda poco,
sólo gritos quedan en el aire.
Simple
Dame el don de la paciencia,
dame fuerza al cuerpo.
Yermo estoico en los salares,
roca en el desierto.
Déjame ser puntal ante el vendaval,
déjame ser tus raíces más profundas,
déjame ser el caparazón que te proteja,
déjame ser el agua que bebas.
Sería más rústico, simple,
que te diga: te amo,
vámonos juntos al infinito.
Solo
Tibio como los primeros rayos del sol,
dulce néctar de las flores del arroyo.
Bermellón el cielo,
pequeño hilo lila lo abraza, suave.
Reconozco tu desnudez, tu inocencia,
el aire gira a tu alrededor.
Estambres te envuelven y se sueltan en tu andar,
tan apacible.
Como la ternura que irradias,
sólo el amor se puede copiar de ti.
No lo dejes, sólo ven tú,
yo te espero con el mío.
Estamos
Sudor, tierra, sangre,
dolor, angustia,
sonrisas, alegrías,
diseño,
futuro, calma,
expectativas.
Solo la memoria podrá salvarnos.
Bis
Somos de sudor, tierra y sangre.
Experimentamos dolor y angustia, pero también alegrías y sonrisas.
Creamos cosas hermosas, y tenemos esperanzas y sueños para el futuro.
Pero todo se puede perder si olvidamos de dónde venimos.
La memoria es lo que nos conecta con nuestros antepasados, con nuestra cultura y con nuestros valores.
Es lo que nos da un sentido de identidad y propósito.
Es lo que nos permite aprender de nuestros errores y seguir adelante.
Si olvidamos de dónde venimos, estaremos condenados a repetir los mismos errores.
Seremos vulnerables a los engaños y las manipulaciones.
Seremos incapaces de crear un futuro mejor para nosotros y para nuestros hijos.
Por eso es tan importante recordar.
Recordar nuestros orígenes.
Recordar nuestros desafíos.
Recordar nuestras victorias.
Recordar nuestras esperanzas y sueños.
Sólo la memoria nos salvará.
