Solo tibio amanecer,
como los primeros y dulces rayos del sol
néctar de las flores
junto al arroyo Bermellón.
El cielo es pequeño;
un hilo lila lo abraza.
Suave, en tu desnudez,
reconozco tu inocencia
bajo el aire que gira.
A tu alrededor,
las hojas te envuelven
y luego se desprenden;
dejas caer estambres
sobre las sábanas,
como pequeñas flores
que la noche olvidó.
Y en tu andar tan apacible,
irradias una ternura
que solo el amor
podría aprender de ti.
No la dejes caer en el vacío.
Ven, solamente ven;
yo te espero con todo lo que poseo:
mi amor entre las manos,
abierto para ti.
