Hay momentos
en que creo, veo o siento
que está nevando,
y entonces recuerdo que estás
a mi lado.
Contemplo las flores del jardín
y la vida que crece a su alrededor,
los tallos que buscan la luz
y el rumor secreto de la tierra,
donde también florece
nuestro amor.
En la inmensidad,
el agua crepita a tu alrededor.
Tú, serena y quieta,
contemplas el paisaje
como si la naturaleza
hubiera nacido para mirarte.
Me regalas una sonrisa,
me guiñas el ojo
y en esa pequeña complicidad
todo se vuelve nuestro.
Entonces me lleno de viento,
de nubes, de tormentas,
de esas tormentas tuyas
que llegan sin aviso
y me atraviesan el pecho.
Y vuelvo a encontrarte
en la nieve que imagino,
en las flores del jardín,
en el agua que murmura,
en todo aquello que respira
cuando te recuerdo.
