La bonita

Ella ingresó al hotel en el mes de abril, un día fresco de otoño. Le dieron el puesto junto a la puerta que daba a la calle.

Estaba feliz. Desde allí no solo observaba los ingresos y egresos del lugar, sino que también veía a la gente que pasaba por la vereda.

Se adecuó perfectamente a ese sitio; rebosaba de belleza y salud.

Cuando llegó la primavera, como premio, le cambiaron la maceta.

Este contenido es solo para leer
Copiado
Scroll al inicio