Cambio y viceversa

Hoy recibí dos mensajes alentadores.

Uno decía haber tenido un sueño en el que algo malo podía pasarme. Me pidió que me cui-dara porque él y su familia me tenían mucho aprecio, y que yo lo sabía muy bien.

El otro, más preciso, me decía: «Cuídate… La verdad, no sé en qué andas, pero cuídate. Es-tás en la mira. No sé por quién. Besos, te amo».

Después de analizarlos, llegué a la conclusión de que los mensajes deberían haber llegado al revés para quedar así: el primero me amenaza veladamente, mientras me cuida; y el segundo me advierte con afecto.

A ambos quiero darles las gracias por preocuparse por mí.

Estoy bien, casi entero; no han podido conmigo y tampoco podrán.

Pero, si algo me pasara, es mi deseo que todos sepan que he vivido con alegría y sin triste-zas.

No me arrepiento de nada.

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