VI

Hijo, tú eres mi Rubicón,

que con paciencia espero,

y tras los muros de latón,

sufro de dolor austero.

Decisión difícil,

en medio del camino,

o muy sutil,

aceptación de lo divino.

No dudo de tus madres,

temo por mi ausencia,

y lloraré a mares

por tal deficiencia.

No llevo aflicción,

sólo tristeza, pero,

veré con decisión,

las primaveras no vistas.

Recuerda lo decidido:

fui con amor,

a un duelo perdido,

con razón y sin dolor.

Hijo, eres mi Rubicón

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