XXIV

Desde los solares de tu corazón,

con tus pechos liberados de cadenas,

una melancolía lúgubre, sin razón,

un dolor agudo de tierras olvidadas,

fértiles como la mansedumbre,

encerradas en mi pecho cual tizón,

hereje y fiel a tu amor despojado,

creciendo en la soledad de tu ausencia.

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