Verano en Buenos Aires

Me muero de calor.

Vapores húmedos recorren mi existencia.

Glaciares se derriten

en la extensión ardida de mi piel,

y las aguas se precipitan montaña abajo,

arrastrándolo todo a su paso

hasta las plantas de mis pies.

El verano cae como un fruto abierto,

espeso y palpitante sobre mi pecho.

La ciudad respira fuego,

y yo soy su territorio derretido.

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