Me muero de calor.
Vapores húmedos recorren mi existencia.
Glaciares se derriten
en la extensión ardida de mi piel,
y las aguas se precipitan montaña abajo,
arrastrándolo todo a su paso
hasta las plantas de mis pies.
El verano cae como un fruto abierto,
espeso y palpitante sobre mi pecho.
La ciudad respira fuego,
y yo soy su territorio derretido.
