Tu breve presencia,
corvo y despiadado,
sin redención posible,
sin dolor audible.
Tu cuerpo exhala
en los tiempos muertos,
ausente de vientos,
para que todo se quede
fuera de mí,
amor perdido.
En el tiempo pasado,
nido crujiente y antiguo,
añejo.
Ya no somos nada,
solo otro invierno más
que intentaremos atravesar,
para que puedan florecer
otros
en nuevos retoños
cuando llegue la primavera.
