La seguridad
siempre estaba depositada
en la protección que daban
los legionarios,
los pretorianos,
como un escudo infranqueable.
Pero eso no era libertad,
era como estar encerrado
en una jaula de oro.
Confundido, digo
cosas, dicto imágenes,
incoherencias.
Solamente me privo
con silencios.
No quiero decir
lo cierto.
¿Y qué es lo cierto?
La tranquilidad,
la seguridad
que me dan y recibo
los arrullos, abrazos, besos
de mis hijos.
Inmaculado sería
como quien descansa
a la sombra del último árbol
del último campo
de los últimos días,
y duerme con los ojos abiertos
el último pensamiento.
La libertad.
