I
Pararse,
aguantar el frío y el viento
sobre el cuerpo desnudo del día.
Un golpe
lacera la carne
como el corazón herido
por el filo de tu amor.
Tornados giran en mí,
me arrastran,
me alzan,
me dejan vacío.
Lluvias de lágrimas escoltan
la fuerza de este amor perdido
en los confines del silencio.
Nadie explicó que el amor es así:
una danza que va y viene,
una llama que se apaga
y deja ceniza en el pecho.
Todo queda guardado
en ese buzón secreto
que todos nombran
y nadie abre:
el alma.
II
El tiempo amaina.
Hilos de nubes oscuras
se enredan en mi mirada.
El atardecer,
como una mano encendida,
acaricia los bordes del verde.
El camino se vuelve río,
y en su espejo
se confunde mi sombra contigo.
Pequeños puntos vuelan,
el molino gime con el viento.
Desde tu ventana
mi amor te busca:
te vas borrando
como un sueño que despierta,
y mi corazón se va contigo.
III
Siempre habrá tiempo
para otros latidos,
otros paisajes,
más ríos y nubes,
y quizá otros tornados
de lágrimas.
Pero ninguno
llevará tu nombre
en el centro del viento.
