Hoy
fui a buscar mi beso,
y no estaba.
Se había ido,
como tantas veces,
seguramente perdido
en esos laberintos
que tiene el amor.
A veces —solo a veces—
no van a ningún lado,
o no sabemos
a dónde han ido.
Quizás no regresen nunca:
se pierden,
se confunden,
o llegan otros,
extraños, desvelados,
extraviados
en el enredo de los besos.
Estos caminos circulares,
supongo,
tendrán puertas y ventanas,
o quizá solo senderos
donde los besos
se pierden para siempre.
