De la sabiduría no conocía nada, del mundo sólo lo que tenía junto a él.
Sólo percibía el sabor dulce de la leche /y el cálido pecho de su madre.
Nada entendía, ruidos (que lo asustaban) /que no eran otra cosa que gritos,
/motores, silbatos, ladridos. /Todo pasaba sin registro alguno, /fuera de su mundo.
Era de noche ya, /y él seguía en la calle /entre muchos ruidos /rodeado de hediondez/sin poder regresar a su /casa, con lo que había /conseguido ese día/
No podía darle de comer /a su madre enferma. /
