Tus silencios hacen mucho ruido
en mis días de domingo por la tarde,
cuando la semana muere
y solo estoy conmigo.
Y el frío del invierno
no se evita
con ningún fuego ni abrigo
si no estás tú.
Ayer era dueño del universo
sabiéndote conmigo.
Hoy, en tu ausencia,
siento un vacío incontinente.
Sólo el aire acaricia mi piel
y llena mis pulmones de vida.
La luz, pálida testigo,
me acompaña
en mis momentos de sombras,
y entre líneas
veo tus ojos
que me miran de lejos.
