Donde vayas,
aunque el espacio se abra como una herida luminosa,
allí estaré, suspendido en tu sombra,
como una nebulosa que no conoce extinción.
Tu sueño caerá en mis manos
cuando la noche sea más honda que el silencio;
seré la tierra que te guarda del fuego,
la frescura secreta que asciende por tu sed,
el pan tibio que espera en la curva del camino.
No caminarás sola.
Pasaré a tu lado como pasa el aire,
sin tocarte y tocándote,
como un viento antiguo que sabe tu nombre
desde antes del tiempo.
