El sueño es su eternidad.
Nos devuelve el perfume del azahar de la infancia
y, con él,
llegan diferentes amaneceres:
días, noches, anocheceres.
Dulces memorias se desplazan buscando
juegos y antiguas rutinas.
Es como una mesa servida
para degustar la vida.
Cada uno prueba de la vida
lo que está a su alcance.
Cada menú
trae su propia memoria:
sonrisas y lágrimas,
risas y llantos mezclados.
La historia personal
regresa en los párpados cerrados.
Una vida te llevó
y otra más pasará
antes de armar tu rompecabezas.
Máscaras lloran y ríen
en este aquelarre de recuerdos.
Deberás despertar
y ver que es otro tiempo,
que solo quedan los dolores
y que todo sigue,
como la luna al sol,
o el sol a la luna.
Digo:
la vida es una continuidad de días.
Solo eso.
