Geografía de un asombro

Globos de aire tibio que rozan las nubes;

el cielo los mira, absorto y quieto.

Como niños, globos y nubes juegan

bajo una cúpula de azul y de sombra.

La luz de plata, riendo en silencio,

y con los brazos cruzados, el viejo calor

se suma al festejo de los vientos.

El hilo del horizonte vigila el camino,

el tránsito mudo de las sombras.

Al pie del cerro, allí donde habitas,

entre un mapa de verdes, amarillos y piedras,

recorro tu cuerpo como si fuera

tierra recién salvada del incendio.

Como si en tu piel sobreviviera

el último hombre

de una humanidad que arrasó su casa

sin saber que era la única.

Como si fueras una tierra sagrada,

ese último refugio de una especie

que muta en su silencio,

en su final ausente.

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