Ya nunca seremos los mismos.
No somos la misma lluvia,
aquella que cayó con mi abuelo,
la llovizna de mi padre,
el huracán nuestro.
Y no solamente eso,
el tiempo y el agua erosionan
y se van llevando todos los días algo:
una piedra,
un pasto,
una colina,
un país.
Todos los días algo.
Sabemos que a todos nos toca.
Hay que escribir,
recordar,
ser guardianes de la memoria,
porque el tiempo y el agua
son implacables enemigos
de la historia,
de los recuerdos,
de lo sucedido.
No los dejemos.
Seamos las agujas del tiempo,
el tapón del mundo.
