Una noche oscura,
una luz vino a visitarme.
Al principio, asustado,
después, no entendía.
El lenguaje surgió solo,
y yo también comencé a hablar.
Hablamos mucho,
de dónde venía ella y yo también,
de las sombras del espacio,
del infinito del universo,
de mis praderas, ríos y mares,
de lo tumultuoso del aire y del espacio,
del peso del viento,
de las gravedades del límite,
del volumen del tiempo,
del vacío de los agujeros,
de nuestros corazones,
de los amores que no tuvimos
y que posiblemente no tendremos.
Solo esto tendremos:
charlas de luces,
sonrisas, guiños,
flotar por ella,
recorrerme los entornos,
y nos tendremos.
Y cada tanto, nadie sabe,
cuando puede, me avisa,
rebotando en los vidrios y espejos.
Entonces, mientras aguardo,
a oscuras,
como esperando el evento,
agazapado, sombrío,
ah, lo maravilloso:
la llegada de ella.
