Aunque las montañas, tan antiguas, se arruguen con los siglos,
aunque los ríos necesiten guía para recorrer sus cauces,
yo te querré como el primer día.
Y si el viento olvida tu nombre en la noche,
y si la tierra se cansa de girar bajo nuestros pasos,
mi amor seguirá, terco y encendido,
como una raíz que no conoce despedidas.
Porque en ti se fundan mis estaciones,
y en tu latido descansa mi ser, mi alma:
no hay tiempo ni distancia que desgasten
aquello cuya naturaleza es, simplemente,
la persistencia ciega de lo que es amor.
