¿Hacia dónde nos conduce este perímetro de niebla,
este dibujo del aire donde tu nombre ya no habita?
Hay una piedra encendida respirando entre mis huesos.
Cargo sobre los hombros el invierno de tu cuerpo,
como quien lleva un árbol de sombra
o una cicatriz que la sangre nunca abandona.
Crece el silencio en la raíz de la memoria,
empecinado en resguardar tu estatua de ceniza.
Todo cuanto nombro regresa convertido en polvo;
todo cuanto callo vuelve con tu respiración ausente.
Busco alcanzar la orilla de este viaje amargo
sin entregar del todo mi naufragio,
para rescatar, al fin, con las manos del viento,
los días despojados,
las brasas invisibles de tu voz
y los antiguos ultrajes del olvido.
