Hay un enjambre de árboles
en el perdido paraíso.
La noche enamorada
tiene su memoria impura.
Animales de hierro
invaden la sangre.
Huelen las plumas,
las pistas se evaporan,
solo alimentan al miedo y a la soledad.
La edad del sueño
vive enemistada con la realidad
y la quiere más rica que la noche,
calcar la imaginación, imaginar el infierno.
Las palabras se suicidan,
lloras debajo del sueño,
alisas el océano,
lo infectas al infierno
e indagas al misterio.
Ves las paredes completas
con historias tatuadas
de un territorio de pasión
y su puerto plebeyo.
Mi silencio es tuyo, mi intimidad también,
turbas borrachas doblegan
la voluntad de mi destino.
El mundo nos rompe,
lugares rotos, desiertos en llamas.
Imaginaria herida, los inmortales hierven,
entra la razón del monstruo.
Pero…
pasados segundos,
el tiempo se detiene frente a ti,
alma disecada…
Almas sensibles, ojos ventana,
o desayunamos dudas,
o deletreamos la muerte.
Esa es la senda que recorro
en busca de tu mano.
