De todos estos años,
prefiero no poder
respirar,
comer,
moverme,
beber,
ver.
No distinguir entre lo negro y lo blanco,
lo claro y lo oscuro,
los colores,
las hierbas del camino cuando regreso,
sus olores.
El calor del sol,
el viento y sus frescos,
las gotas de lluvia en mi rostro,
beber los nutrientes del universo,
morir tantas veces sea necesarias.
Lo único que no puedo
es recordar mi amor por ti.
Sentir,
sé que me hacía feliz.
Esperar el día o la noche,
la lluvia, porque sabía que venías.
Pero hoy… no recuerdo.
Y todo lo demás es en vano.
No lo deseo.
Solo los amaneceres, los atardeceres, los mares,
las montañas y hasta el cielo con sus noches y sus días
pueden ocupar ese espacio que era tuyo.
Y hoy es un silencio aturdidor.
