Palacios de cristal,
cual fantasmas dormidos,
traslúcidos, vacíos,
moradas sin amor.
Yacen los árboles caídos,
vencidos por el tiempo,
sin memoria, sin hojas,
ni adioses ni “te quiero”.
Los silencios son densos,
ecos en el aire enrarecido.
Las aves emigraron hace tiempo.
Días que se alargan eternos,
noches amargas que se arrastran lentas.
El agua flota, la tierra sedienta,
el cielo indiferente…
Un alma tras la ventana vencida,
abatida por el desamor.
Solo aguarda
tu llegada,
que la abras y la vida entre.
