Confesión bajo la luna

Divulgo mis pecados al aire.

Algunos caen en balde, sobre la nada;

otros, solo las nubes los escuchan.

La lluvia y los truenos se enfurecen por el ruido,

y yo, empecinado, continúo nombrándolos.

Grito. Todos ríen. Nadie es inocente.

Los míos repican en los demás como si fueran propios.

Los silencios no son más que socios

sentados a la mesa de la culpa.

Bajo la voz y salgo a la calle,

sin recuerdos, apenas saludos y miradas.

Camino con la incertidumbre de existir,

viendo la ciudad desde las alturas.

Y en la lejanía, todo recupera su color.

Entonces miro el horizonte,

bello y en paz.

Nada regresa. Nada cambia.

Me recuesto bajo la luz de la luna

para dormir

y soñar contigo.

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