Candiles antiguos

Viejos candiles duermen bajo el polvo del tiempo,

guardan un fuego dormido,

silencioso.

Y despiertan, y arden,

cuando el viento los acaricia.

Y sus soplos —suaves, inevitables—

los encienden,

como despiertan los recuerdos

cuando atraviesan la noche.

Así llegas tú.

Caminas por mis sueños

mientras la noche respira lentamente,

y yo siento tus pasos

acercándose a mi sombra

como un fuego que reconoce su destino.

Entonces voy hacia ti

dentro del sueño.

Te veo.

Corro a abrazarte.

Tomo tus manos

y las beso

como quien vuelve a encontrar la vida.

Eso ocurre con el fuego:

ama al viento,

aunque el viento pueda extinguirlo.

Por eso arden los candiles antiguos,

igual que los viejos amores,

que sobreviven al tiempo

y todavía iluminan

con la obstinación de sus llamas.

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