Cantos

Cantas porque puedes,

¿qué don permite que cantes?

Los amaneceres son cantados,

avisados, prósperos al sol.

Y tú, sin miedo, te paras,

bravíamente al mundo.

Te arrojan chispas de luna,

rocíos de caricias,

suaves brisas cálidas,

y nada.

Aman tus cantos,

despojados de nada y todo.

Todos se detienen y…

miran el horizonte,

pero sólo escuchan,

te escuchan.

Solfeos matinales.

Tropezó.

La mesa cae abruptamente,

descolada la cola.

Mirada tierna indiferente.

El clavo desclava,

la tapa y la pata se salva.

A reparar urgente.

Ahí desayunamos,

tomamos mate.

Ahí somos.

Termina el primer tiempo,

primer silencio evocado.

Canto de campo amanecido,

roto el cielo iluminado.

Nubes que juegan en el alambrado.

Notas musicales despechadas,

huyen de la siembra,

giran al molino,

se las lleva el viento.

Segunda parte del canto,

porque tienes el don del día.

Enfilan a ti todas las miradas.

Sigues cantando, solo cantas.

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