Calles interminables, veredas desoladas,
ramas oscuras bajo un cielo verde.
Y tú allí, al sol,
cubierta de luces y rayos dorados.
Eres surcada por senderos internos
en los campos adyacentes.
Ya eres ajena a los amaneceres,
solo silencios profundos te llenan.
No hay tiempos repuestos,
cambiados por absurdos,
errados,
involuntariamente trocados por otros.
Muchos ya se fueron, pasaron,
son parte de viejos relojes detenidos.
El viejo pueblo de mis padres
es ahora polvo en el viento.
Ya nada florece, es el final,
ya exhala su último aliento cansado.
Pero en mi mente aún pervive
el susurro del viento que revive recuerdos.
