Auroras boreales:
cambian su corazón de azul herido
y doblegan la línea del horizonte.
Son pintura añeja sobre la tela del mundo,
donde los verdes ausentes lloran su mudanza.
Pertenecen a otro tiempo, a vidas antiguas,
a promesas cumplidas sin paz, a todo aquello
que ya no vuelve por el camino del aire.
Tú, que transitas los riscos de piedra,
observas la mezcla total de los colores.
Es una reversión de luz: ¿dónde quedó el amarillo?
Tal vez el sol se lo llevó en su huida.
Montes y playas de ceniza negra
contrastan con el pulso de la vida
y con el agua de mares helados que vuela.
Bebes el llanto vertical de las cascadas
porque vienen del cielo, de su vientre abierto,
mientras el frío polar te abraza y camina contigo.
Dime qué queda en ese abismo donde te pierdes,
allí donde la luz de la farola se disipa
como un último rastro de lo que fuiste.
