Atardecer

Y me dijo:

“Yo solo veo por Ud.”

Quedé mudo, impávido.

En un día soleado,

estábamos sentados en un banco,

mirando el horizonte.

Las golondrinas, mariposas, nubes,

vientos y hojas que caían formaban un hermoso tapiz,

que cubría mi vista y evitaba la de ella.

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