Amanecer tardío, algo se ha descompuesto.
Noche, deja que la brisa llegue por la mañana,
que traiga las centellas, sus brillos nocturnos,
sus campanas emplumadas anuncian el sol con su canto.
Suenan entre las ramas de los árboles,
temblorosos entre la noche y el día.
Deja que desaparezcan los temores, los sustos:
ya todo ha pasado.
Los aullidos nocturnos de tu soledad han callado;
los reflejos de tu chimenea aún arden.
Deja que la luz nos vea: aquí estamos,
tus guardianes, tus protectores.
