El viaje

Camino los senderos del bosque.

Tengo dos narices
y respiro tan profundamente
que puedo oler a la vez
la tierra, las hojas y la humedad.

Subo a los árboles,
salto de rama en rama.
Caen hojas y frutos.
Juego con los hongos que crecen a mis pies,
de múltiples colores y formas.

Pateo hormigueros;
las hormigas me gritan.

Chapoteo en los arroyos, cual perro.
Saltan las ranas
y me miran desde el fondo.

Veo el cielo desde las nubes,
planeo entre ellas.
Me paro sobre el maíz
del horizonte amarillo.

No comprendo los hilos duros con espinas,
como tampoco aquellos que están en lo alto
y zumban.

Corro hacia la cima;
parezco un niño
entre rocas y llanos.

Y en el abismo,
me tiro.

Siento el aire entre la vida
y me quedo allí,
masticando un pasto,
para ver el atardecer.

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