Repuesto el sol en su lejanía,
angustiado por su pérdida,
ausente de calor y brillo,
el tiempo ha gastado su tiempo:
no pudo renovar sus virtudes.
Enamorado de ella, se distrajo;
anda perdido, transformado.
Las estaciones dislocan el mundo,
nacen en tiempos diferidos,
como las siembras que crecen en otros:
todo vive cruzado, enloquecido.
Y ella, la luna,
vestida en su túnica plateada y transparente,
gobierna la tierra y las siembras,
cambia las fertilidades.
Dueña de la sombra y del pulso,
enloquece las mareas.
Toda la tierra baila,
y todo es por los enamorados.
