Aquello inefable

Tú eres eso, dime quién eres,

lo que todos anhelamos, aunque no lo sepamos.

Háblame o grita fuerte, así no te pierdo más,

porque eres recuerdo sin momentos ni edad.

Dime qué eres, mi amor; dile que por ti me desvelo

todas las noches y todos los días,

en este latido que no descansa solo por amarte.

Llegas como obra de teatro sin perder un segundo que se va,

como en el otoño, con hojas tristes y rugosas,

cual brisa lejana que me susurra

que, si no te aferro ya, te pierdo,

y me olvido otra vez.

De tus brazos, la calidez de tu cuerpo de algún tiempo,

de tus cabellos que acarician mi rostro,

y de tus manos que me hablan, me abrazan, me protegen, me adormecen.

Dormir en tus pechos es el deseo de cada día,

y me asusto.

Solo siento este amor perdido, sin nombre conocido, sin rostro conocido,

que me oprime el pecho herido.

Entre sombras de lenguas de fuego y entre la ensoñación y ruidos,

apareces tú, bella, y calmas mi aflicción.

Y serás aquello que todos quieren,

sin saber aún qué es.

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